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Misión Rango B: El infiltrado (Ilegal)

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Misión Rango B: El infiltrado (Ilegal)

Mensaje por Natalia O'Connel el Vie Abr 18, 2014 2:46 am

Estaba sentada en una mesa del gremio, balanceaba alegremente mis pies al compas de mis tarareos. Quien me viera diría que estaba completamente feliz; que nada me preocupaba, incluso suponía que algunos dirían que estaba completamente loca y desquiciada; después de todo no era habitual en mi "estar" contenta; no mientras no hacía nada, pues mi felicidad siempre era asociada a los desastres que causaba, por desastres entiéndase a todo aquello que implicara a mi persona haciendo sufrir a terceros, dentro o fuera del gremio. Me consideraba una persona sumamente interesante; en términos míos. Era egocéntrica y nunca de los nunca lo negaría. ¿Por qué ocultar algo que no era? Así que seguí en mi mundo de fantasía hasta que mi reloj marco el medio día.

¿Por qué era importante la hora? Porque era el disparo de salida para Era, tenía un boleto de tren que me llevara hasta esa peculiar ciudad. Me pare como si nada y grite —Hasta la vista perdedores. —antes de salir del gremio; he aquí la razón de mi felicidad, como he dicho mi estado de ánimo se debía generalmente a pocas cosas, en este caso era debido a la misión que se me había encomendado. Iván desde hace una semana me había comentado que sospechaba de que alguien en el gremio no era lo que aparentaba; que no era fiel a la marca y que era una molestia a sus planes, de los cuales no tenía la menor idea, me pidió/ordenó que buscara a un responsable. Cuando me lo dijo estalle en carcajadas, cosa que enfureció a mi maestro, enojado me exigió una explicación a lo que me limite a contestar "anciano, me pregunto si consideraste que yo podría ser esa persona" pues leal no era, simplemente me manejaba a mi entender, me movía por intereses personales y no dudaría en traicionar a Raiven Tail si con ello conseguía algo de mayor valor. Después de mis palabras fue el turno de Iván de reír, al final dijo "te conozco, mientras estés divertida no harás nada en mi contra. Aun te divierto" concluyo, ciertamente me conocía un poco.

Hablábamos durante un buen, trazando posibles planes. Aunque al final me dejo actuar a mí, así que desde hace una semana he estado investigando a mis potenciales sospechosos. Ciertamente el primer día, todo mago de RT era sospechoso a mi ver, después de todo éramos magos sin ningún código moral; los demás nos consideraban la peor escoria del universo, si pertenecíamos a un gremio oscuro era porque en cualquier momento morderíamos la mano que nos daba de comer. Así que ese primer día sutilmente platique casi con todo el mundo, poco a poco en los siguientes dos días descarte a una gran mayoría.

Este trabajo había sido refrescante en proporciones que no me había imaginado, pues entre palabras y mas palabras poco a poco conocí a mis camaradas, nótese el sarcasmo, pero para mí era importante almacenar esa información en mi cabeza, mas adelante cuando quisiera algo no dudaría en extorsionar con lo que había recolectado. Cuando la lista se fue haciendo más pequeña me dedique a seguir a los magos y magas; asechar era uno de mis fuertes con ayuda de mi magia pasaba desapercibida por cierto tiempo, con los hombres era un poco más fácil; muchos no pensaban correctamente mientras creen que una esta coqueteando con ellos. La seducción estaba inherente en mi, Michelle me dijo que como mujer tenía muchas más armas a mi disposición que nunca dudara en usarlas. Hace dos días solo tenía a tres sospechosos, tres magos que fueron herméticos por llamarlos de alguna forma, no soltaban nada de nada, no sucumbían ante mí y eso me molesto demasiado. Pero que podía hacer, si me ponía en un plan insistente quizás empezaran a sospechar y entonces mis planes se vendrían abajo.

Antier aprovechando que ellos se encontraban en el gremio me encamine a sus respectivas casas y empecé a registrarlas, entrar no fue problema. En mi época de ladrona había aprendido demasiado, entre esos conocimientos se encontraba el abrir cerraduras, procure que no hubiese nada fuera de lugar cuando me fui. No había sacado nada concluyente de ello, maldije pues era hora de hablar nuevamente con mi maestro. Entre los dos ideamos una forma de descartar; así que él hablaría con cada uno de ellos mintiendo descaradamente, cosa habitual en Iván, les pediría que vigilaran a ciertas personas que podrían intervenir en uno de sus negocios. Eso era la parte sencilla, pero también les comento que había descubierto un arma mágica sumamente poderosa, la cual necesitaba estar en su poder. El se encargaría de ella, así que esperaba que aquellos hombres y aquella mujer entretuvieran a la competencia. Hablo con cada uno individualmente, además de pedirles discreción absoluta.

En teoría aquel que estuviera infiltrado, iría a Era para tratar de robar el arma antes de Iván. No cumpliría con su encargo y se delataría él o ella sola. Mi trabajo era precisamente eso, esperar a que uno de los tres apareciera y entonces simplemente encargarme de ese traidor. Ahora pueden entender el motivo de mi felicidad, Iván sabia que amaba asesinar a las personas, hacerlas sufrir y pagar cualquier ofensa, me había dado carta blanca para ello. Solo pedía que le llevara una prueba de que había realizado el trabajo. —Hombre desconfiado, como si fuera a echarme para atrás a estas alturas. —dije antes de abordar el tren que me llevaría con demasiada antelación, pues el punto es que me encontrara en el supuesto lugar donde se encontraba tan peculiar objeto, eso sería la supuesta ventaja. Tomo mi asiento y recargo mi cabeza cerrando mis ojos, pensando y pensando en las estrategias que necesitaba tener.

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Re: Misión Rango B: El infiltrado (Ilegal)

Mensaje por Natalia O'Connel el Vie Abr 18, 2014 2:48 am

Permanecía con los ojos cerrados pensando en aquellos que podían ser mis futuros oponentes. Recordaba sus caras y sus poderes, lo pensaba porque algo me decía que la situación se volvería por completo una batalla, lo bueno es que llegaría mucho antes y tendría tiempo de memorizar el campo de batalla. Mi ceño estaba fruncido mientras hacia un reencuentro de aquellos magos…

El primero era Xavier Kuroi, es un hombre alto quizás de 1.80 de una hermosa cabellera blanca que le llegaba a la cintura. Ojos completamente azules, brillaban intensamente cuando se enojaba o cuando estaba sumamente contento. Siempre vestía colores blancos con detalles en negro. Su magia era la take over, sus transformaciones siempre  tenían que ver con bestias mitológicas como; hidras, nigas, fénix pero la que mas destacaba a ojos de Iván era cuando se transformaba en una quimera. Este hombre había entrado en mi particular lista porque se había negado a contestarme, nada fuera de lo habitual. Sin embargo cuando registre su casa encontré varias cartas de una persona que no conocía pero que el maestro del gremio identifico como alguien del consejo mágico.

El segundo era Antón, era rubio, alto de ojos chocolates. Demasiado musculoso a simple vista era un cavernícola sin cerebro que solo usaba la fuerza bruta para lidiar con cualquier problema. De él solo saque como fuentes de mis sospechas el terrible odio que profesaba a Nuestro maestro, sus cuarto era una habitación que tenía demasiadas intenciones. Parecía un santuario dedicado a los planes en contra de Iván, no sería sospechosos que trabajara para la caída de RT, aunque algo me decía que no tenía el cerebro para hacerlo. Su magia era basada en la escritura oscura.

Finalmente teníamos a Antonietta Wellington una pelirroja, los hombres la describían como una mujer despampanante y hermosa. Idiotas, yo era mucho más hermosa que ella. Había entrado en mi lista porque tenía poco de haberse unido a RT, no tenía amigos o no hablaba con nadie. Parecía demasiado taciturna y aburrida. Siempre vigilante y expectante; era la primera en llegar y la ultima en irse, cuando hacia alguna misión lo hacía en completa soledad, cuando registre su casa no había absolutamente nada. No pertenencias personales, no libros, cuadros o cualquier cosa que me dijera quien infiernos era ella. Su magia era elemental de fuego.

Si alguien apostara conmigo, yo pondría mi dinero en decir que nuestra traidora era nada más y nada menos que Wellington; con una sonrisa es que me permito dormir un rato. Tendría que prepararme para lo que fuera a suceder a continuación. Después de varias horas desperté, justo a tiempo para no perderme la llegada a la hermosa Era. La ciudad se veía a lo lejos imponente y gallarda como si fuera una ciudad imperial donde tú eras un simple campesino, no me gustaba el sentimiento así que esperaba irme pronto de aquí. En la estación, todo mundo me pareció amable y solidario; no había nada sospechoso en ellos. Y eso parecía mucho más problemático. Suspiro antes de recorrer la ciudad para llegar al bosque que estaba a las afueras de la ciudad, en un claro estaba una pequeña cabaña, de dos habitaciones y un solo piso. Estaba en medio de un claro que no tenía nada a 5 metros a la redonda, después de los cuales se veía rodeada de arboles altos, frondosos y hasta cierto punto hermosos.

El encuentro estaba programado a suceder al ocaso; me preguntaba si alguien vendría mucho antes de ello… me senté en la silla de la pequeña mesa que había dentro de la caballa, me cruce de piernas y empecé a jugar con mi cabello para matar el tiempo. Estaba en una posición que me permitía ver todas las entradas de la casa, es decir, me encontraba en medio de la cabaña.

Estaba a punto de desesperarme cuando se oyen pasos fuera, me preparo para todo. Cuento mentalmente, esperando, volviéndome ansiosa, queriendo en verdad acabar con todo cuanto antes. Ese todo solamente abarcaba la captura, después de la captura vendrían mis pasatiempos; mi mochila estaba esperándome en el sofá de la sala. En ella venían todos mis juguetes con lo que no había jugado en demasiado tiempo. Alguien agarraba la manilla de la puerta, el tiempo corría lento para mí cuando empezó a girar. La puerta se abrió lentamente, despacio y en cámara lenta. Una sombra se hizo presente, una bota de color negro dio el primer paso adentrándose a la cabaña. A ese primer paso le siguió el resto de un cuerpo, mi sonrisa se hacía cada vez más grande. Mis expectativas estaban siendo cumplidas, mis teorías estaban desasiéndose para ser reemplazadas con las más exquisita verdad. Parte de mi se alegro de que mi cabeza funcionara bien. En verdad de haber apostado en estos momentos seria mucho más rica de lo que era cuando Salí del gremio de RT.

—Bienvenida mi estimada Antonietta… —dije con una suave y aterciopelada voz, demasiado dulce, acompañada con una sonrisa que sabía que era sádica por completo. La pelirroja se sorprendió cuando se dio cuenta quien hablaba, pero su expresión fue sustituida rápidamente por una cara de completa calma.

— ¿Qué se supone significa esto? —preguntó. Aunque sería mejor decir que demandó, yo solo mire mis uñas con interés antes de contestarle. Parecía aburrida y totalmente fastidiada.

—Bueno veras; esto era una prueba y me toca a mi decirte que la has fallado completamente. —mi sonrisa se volvió amable, antes de caminar lentamente hacia ella. Pararme frente suyo, acariciar su cabello y susurrarle a su oído. —Y ahora querida veras las consecuencias de tus actos. —dije antes de golpearla en el vientre, haciéndola doblar un poco y aventarla hacia la sala.


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