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De carreras y otras cosas (Priv. Adelaide Feutille/Johan Air)

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De carreras y otras cosas (Priv. Adelaide Feutille/Johan Air)

Mensaje por Anna Blackwood el Sáb Feb 01, 2014 9:40 pm

Estabas completamente aburrida, nada interesante te había sucedido desde hace una semana, empezaba a faltarte el dinero, no encontrabas un trabajo por ningún lado, empezabas a considerar seriamente unirte a un gremio pues a ellos nunca de los nunca les faltaba una misión, además de que tendrías un lugar a donde regresar cuando estuvieras herida y/o cansada, —Cállate —susurras y perdóname pero me rio de ti, pues en el fondo yo tengo razón. Pero te dejare en paz por unos momentos. Suspiras agradeciéndome, sigues caminando y te detienes para ver a dónde has llegado.

Cosa curiosa, nunca te ha importado tu destino, caminas, viajas y recorres el mundo sin preocuparte por la dirección que tomes, sin embargo cada vez que llegas a una nueva ciudad buscas el nombre de esta, quizás para ubicarte y tener una referencia por si surgía un problema. Miras a los habitantes ir y venir, nadie repara en tu persona, no te prestan demasiada atención pero no le das importancia, caminas cerca de diez minutos antes de detener a una señora mayor.

—Disculpe, ¿podría decirme que ciudad es esta? —preguntas amablemente, aunque no sonríes tu tono es enteramente amable y considerado, la señora te regala una sonrisa antes de contestarte.

—Oshibana. —le agradeces y te despides, ahora entiendes porque nadie repara en ti, esta es una ciudad llena de líneas de trenes es común que los forasteros se paseen por la ciudad, así que nadie parecía sospechoso. Con eso en mente buscas un lugar para comer, pues te has dado cuenta que no has comido en demasiadas horas y para continuar con tu viaje a ¿quien sabe dónde? —Iré a Clover. —te dices, pues es una ciudad cercana y quizás allí haya trabajo que te permita mantenerte unas semanas más.

Pero como te has dado cuenta necesitas alimentos, aunque ahora prefieres buscar por tu cuenta y ahorrarte el preguntar a las demás personas, ibas pensando que te gustaría comer, cuando oyes el grito de una mujer por inercia te giras hacia ella, a la cual ves señalando a alguien que corría hacia tu persona, no entiendes nada y lo dejas pasar… cuando la mujer empieza a vociferar que le han robado, tu cerebro al instante entiende la situación, suspiras pues esta será la buena acción del día. El chico que es el ladrón en su escape pasa a empujar a varias personas, algunas le gritan, otras caen y algunos lo miran… Miras solo un momento antes de salir corriendo detrás de él.

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Re: De carreras y otras cosas (Priv. Adelaide Feutille/Johan Air)

Mensaje por Adelaide Feutille el Sáb Feb 01, 2014 11:38 pm

¿Quién se hubiese imaginado que la mismísima Adelaide Feutille se encontraría allí? En aquel pueblo ferroviario donde, a pesar de estar lleno de gente y viajeros, aún se encontraba perdida.
Ella no entendía los carteles de la estación indicando que rumbo y hora le correspondía cada tren.

Pese a ello no era difícil preguntar a cualquier viajero y que este amablemente le indicase el tren y hora que debía tomar. Mas sin embargo había tres buenas razones, buenas por lo menos para ella, que impedían que se decidiese a preguntar.

En primer lugar, Adelaide era muy tímida con gente desconocida y debido a eso era incapaz de preguntar a alguien completamente nuevo o mantener una conversación fluida la primera vez; seguido estaba su inseguridad, no estaba acostumbrada a viajar sola y por ese mismo motivo siempre tenía la cabeza de que se iba a perder, finalmente así ocurría; en tercer y último lugar, aunque obtuviese la información, cuando llegase la hora de la verdad se liaba con las instrucciones.

Estar sola realmente la inquietaba, pero su orgullo e impulsividad la obligaba a hacerlo aquella vez. Tardo un día entero en realizar la misión, y había pasado medio día buscando el lugar para cobrar la recompensa.

Ya desanimado, y con una carita haciendo un puchero, miraba al suelo mientras salía en pasos cortos y lentos de la estación. Apoyo su cuerpo de costad en una columna a la salida de forma desanimada- Quiero volver -Susurro con una voz triste, se lo tenía merecido por no pensar antes de las cosas.

Repentinamente su rostro cambio a uno serio, clavando la vista en un punto. Escucho el grito de una señora no muy lejos de allí, diviso a dicha mujer corriendo detras de un individuo, gritando a los cuatro vientos que atrapasen al ladrón.

Adelaide no lo penso dos veces, se coloco en el centro de la estación, esperando que dicho individuo se acercase más. Este no aminoro la marcha, pensaba llevarse por delante a aquella chica igual con tal de escapar. Pero eso no la hizo moverse de allí.

-Violín Mágico -Musitó la joven y dos sellos envolvieron sus manos en una luz misteriosa, de estas posteriormente se formaron un violin con una extraña y preculiar forma, y su correspondiente batuta, colocandoselo en la posición correcta.

De inmediato dos sellos aparecieron a ambos lados de Adelaide, y en cuanto ella comenzó a tocar, una bella melodía empezó a brotar de ellos llenando el ambiente de aquella música. Un misterioso viento comenzó a brotar de la nada, moviendo las ropas holgadas de Adeline. Fue entonces cuando un golpe de viento impacto contra el ladrón, impulsándolo hacia y cayendo de espaldas contra el suelo.

Una segunda mujer comenzó a correr tras él, impidiendo que el cuerpo caído del ladrón se levantase de nuevo para correr. Adeline suspiro aliviada haciendo desaparecer su violín de la misma forma que lo había hecho aparecer, pero casualmente su rostro se transformo en uno de sorpresa y lentamente se ruborizo. Después bajo a duras penas lo que podía de su minifalda, temerosa y avergonzada de que se hubiese visto algo debido al viento que creó.

-Siempre pasa igual - Miro hacia el suelo con cierta vergüenza sin moverse del lugar.

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Re: De carreras y otras cosas (Priv. Adelaide Feutille/Johan Air)

Mensaje por Johan Air el Dom Feb 02, 2014 1:04 am

Ni tres segundos hicieron falta para que la saliva se acumulara en el interior de mi boca, y apenas un instante más tarde el escupitajo ya atravesaba el espacio e impactaba sobre la cabeza de aquel joven de robusto cuerpo que se encontraba yaciendo en el suelo. Mi mirada, con unos ojos inexpresivos y los párpados entrecerrados, no denotaba más que decepción y desprecio hacia aquel sujeto, quien probablemente ya ni siquiera sería capaz de pensar con claridad, si es que no había quedado inconsciente después de la golpiza. En cualquier caso, no se merecía menos después de lo que le había visto hacer. No me importaba en lo más mínimo cuan necesitado estuviera de comida, no me importaba en lo más mínimo cuántas fueran las enfermedades mentales que le forzaran a actuar con tal desequilibrio, y me importaba mucho menos que él considerara que robar a un niño pequeño una barra de pan era lo más natural del mundo, además de fácil. Odiaba a ese tipo de gente desde lo más profundo de mi corazón. No me daba miedo admitirlo: si por mí fuera, todos ellos podían desaparecer en el acto de este mundo cruel.

-Vamos, pequeño, no hagas caso a este sujeto.-me dirigía a un niño de apenas ocho años que en ese momento se encontraba abrazado a mi cintura, y le instaba a que se dirigiera a la salida del callejón en el que habíamos entrado apenas hacía un par de minutos- No te preocupes por él, tiene lo que se merece.-la frialdad que denotaba mi voz aun después de haber sido el artífice de una golpiza digna de mención me hacía parecer una bestia más que un ser humano.

El pequeño levantó su pequeña cabeza hacia mí, con las lágrimas al borde de los ojos, y yo me limité a negar sendas veces con la cabeza para indicarle que no era momento para que derramara aquellas lágrimas, no por ese ente desgraciado. Si no hubiera sido por mi repentina aparición, justo cuando aquel sujeto agarraba al niño pequeño (quien apenas llevaba entre sus brazos una barra de pan, probablemente por encargo de su madre) y se lo llevaba al interior del callejón, no quería ni imaginar cómo habría acabado la escena. Probablemente aquel hombre solo querría la barra de pan, pero se le veía tan desquiciado y demente, además de que estaba armado con un cuchillo en mano, que era evidente que en cualquier momento podía perder los estribos y llevarse por delante la vida de un niño pequeño que todo lo que podía hacer era tartamudear y temblar.

Por esta razón, soltando un suspiro inaudible, me vi obligado a entrar en escena: me metí en el interior del callejón, aparté con un movimiento un tanto brusco el cuerpo del pequeño, poniéndolo por detrás de mí; moví mi cabeza ligeramente a la derecha para esquivar un previsible corte lanzado a la altura de mi yugular, agarré el brazo de quel hombre a medida que pasaba por mi costado izquierdo, inmovilizándolo, y acabé estampándole la cabeza en la parez derecha del callejón con un golpe de mi pierna zurda. Quedó inconsciente en el acto, se le calló el cuchillo y quedó tirado en el suelo. Justo después de esto es cuando entró el escupitajo en acción, como señal de repulsión y desprecio.

Apenas hubimos salido del callejón di un par de palmaditas al pequeño para que se volviera a poner en marcha, sin tener miedo a nada, y se dirigiera hacia su casa. El chico se separó de mí, llevó a cabo una leve reverencia a modo de agradecimiento, y salió disparado en dirección contraria a la corriente de gente que circulaba por la calle. Suspiré. Aun pude ver una reminiscencia de lágrima bajo sus ojos cuando empezó a correr despavorido. Eché un último vistazo a la figura del pequeño desapareciendo entre la multitud y, con un suspiro profundo, me puse a caminar en dirección a la estación de trenes principal de la ciudad.

A medida que avanzaba me di cuenta de que la gente había empezado a acumularse en cierto punto de la calle, quedando totalmente parada. Sin importarme mucho el porqué de esto o los murmullos de pavor y sorpresa que se escuchaba de entre los labios de alguno de estos sujetos, me abrí paso entre ellos como lo haría el fantasmagórico espíritu que no llama la atención a nadie. Moviéndome entre cada hueco, sin molestar a nadie y con una flexibilidad, una agilidad y una velocidad dignas del más avanzado de los felinos. En cuestión treinta segundos ya me encontraba al frente de el gran cúmulo de gente que había quedado parada, y empecé a andar por delante de ellos sin miedo ni vergüenza alguna.

En ese instante, un sonido atravesó el ambiente. Un sonido seguido de una fuerte corriente de viento que batió la zona. Yo me encontraba un poco lejos del origen de esta corriente, por lo que al llegar a mí apenas lograba agitarme los cabellos con una fuerza relativa. Mi mirada, con una ligera curiosidad, se movió hacia mi costado izquierdo, donde pude ver a una joven de cabellos rosados y fina figura interpretando una curiosa y enérgica melodía con un violín entre sus manos. ¿Una música ambulante? No, me parecía que había algo más aparte de eso... En ese mismo momento, la corriente de viento rodeó la figura de aquella joven del mismo modo que había ocurrido con todo a su alrededor, y levantó con delicadeza y sutileza aquella minifalda que vestía. Pude ver algo que no debía de refilón por un par de segundos, pero sabiendo que no era algo que debería estar mirando acabé desviando el gesto ligeramente, esta vez para clavarlo al frente. Ni me ruboricé ni pensé en nada obsceno, ni siquiera en pedir disculpas. Si había visto algo era totalmente por la falta de cuidado de la joven.

En cuanto mis ojos pasaron a fijarse al frente enarqué una ceja. Frente a mí seguía avanzando la calle, pero a unos diez metros de donde me encontraba la gente se había quedado parada, del mismo modo que había pasado con aquellos a los que había tenido que evadir. ¿El porqué? No tardé en deducir que era a causa de un hombre ataviado con prendas azabaches que en ese momento se encontraba tirado en el suelo, con un bolso aun entre sus manos. Estaba claro que la fuerte corriente de viento sentida un instante atrás había sido la que le había hecho caer abruptamente al suelo, y empezaba a sospechar que la causante de la misma no era otra que la violinista, quien en ese momento sí que estaba preocupándose por tapar aquello que vestía por debajo de la minifalda. Al instante siguiente, de entre la multitud que había quedado parada surgió la figura de una nueva muchacha, la cual parecía correr desesperadamente en dirección al hombre caído en el suelo. Este, aun resintiéndose por la reciente caída, echó una rápida mirada hacia atrás y en el acto se levantó. No cogió el bolso que había quedado tirado en el suelo ni se preocupó por nada más, solo salió disparado hacia el frente, en mi dirección, para evadir a su persecutora.

Suspiré profundamente. En serio... esta ciudad estaba llena de ratas. Con las manos aun escondidas en los bolsillos de mis pantalones azabaches empecé a andar hacia el frente, en dirección al torpe corredor. Este estaba demasiado preocupado por la chica que le perseguía a la espalda como para mirar al frente y detectarme a mí, por lo que cuando apenas le tuve a dos metros de distancia me limité a alzar la pierna y lanzar una patada lateral sobre su mejilla izquierda (con mi diestra). Ni se la vio venir. El hombre simplemente salió disparado hacia mi izquierda y volvió a quedar derrivado en el suelo, esta vez con una clara hinchazón en el lado izquierdo de su rostro. Seguí caminando en su dirección con una total indiferencia poblando mi mirada y el resto de mis facciones, hasta quedar frente al cuerpo de aquel sujeto y dar un notorio pisotón sobre su pecho.

-Hay que ver cuántas ratas se reúnen en esta ciudad, ni que fuera un basurero...-enunciaba con un claro tono desagradable, acabando con un chasquido de mi lengua y con la cabeza ligeramente inclinada, mirando fríamente al sujeto inmóvil a mis pies.

Spoiler:
Por si no se ha notado, amo escribir xD Y quería decir una cosa owo: ¡Anna! Eres la primera persona a la que veo rolear utilizando la segunda persona, así que primero tengo que decirte que me ha parecido muy innovador, y segundo agradecerte porque me has dado la idea de rolear también así con otro personaje que tengo en mente. En serio, me he quedado un poco shockeado al leer el post por primera vez, pero mola x3
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Re: De carreras y otras cosas (Priv. Adelaide Feutille/Johan Air)

Mensaje por Anna Blackwood el Dom Feb 02, 2014 4:56 am

Tu mirada nunca se aparta de aquel joven que corre varios metros por delante de ti, por un momento te hiciste la pregunta de: ¿qué lo había orillado a robar? Pero la descartaste inmediatamente, tú habías sido una niña de la calle, una niña desvalida sin nadie a quien recurrir y aun siendo tan pequeña nunca pensaste en hurtar algo que no fuera enteramente tuyo. Él bien podría utilizar el pretexto de que no encontraba trabajo, pero si tú siendo una niña de 12 lo habías encontrado, pues él no te compraría con eso. La gente podía decir que sonabas dura, pero no las escucharías pues esas personas no te conocían a fondo, todo tu carácter y forma de ser era por algo, las experiencias vividas te habían forjado y gracias a tu pasado eras la mujer que hoy día corría detrás de un ladrón para recuperar la bolsa de aquella mujer que seguía gritando.

Sin más te pusiste seria, no era hora de psicoanalizar los motivos de un criminal o intentar pensar en que podías reformarlo, pues incluso tu sabias que eso no era posible si él no quería, es cuando decides re-equiparte con Bláth dubh, pues sus balas te permitirían inmovilizar a aquel chico sin mucho drama, para que después las autoridades correspondientes se encargaran de él. En una persecución te cuesta apuntar, mas si hay demasiadas personas en tu camino, cosa que lo vuelve aun mas difícil pues odias lastimar a personas inocentes, lo peor no tenias un tiro certero, no tenias una posición ventajosa de donde poder efectuar tu disparo, así que corriste mucho más rápido, pues a quemarropa no podías fallar ni aunque cerraras los ojos.

Pero nada de eso sucede, pues más adelante una jovencita ha invocado magia. Su sello mágico no pasa desapercibido para tus entrenados ojos, un viento levanta al ladrón, tus cabellos rubios se mueven también un poco ante la ventisca que sabes de donde viene. —Un mago, la chica es un mago —te dices, pues tenias que sacarlo de tu sistema, pero recuerdas que tanías otras cosas que hacer, corres hacia el ladrón esperando recuperar el bolso de la señora y poder regresárselo cuanto antes, mientras te acercabas al chico este se levanta y en su mirada se ve la preocupación de verse atrapado y de que pronto tendrá que enfrentarse a las leyes, así que no te sorprendes cuando este se levanta y corre dejando atrás el botín que tantos problemas había causado, tanto a tu persona, a la maga, a las personas de la ciudad y finalmente a él.

Nuevamente levantas a Bláth dubh y es ahora que no dudas en disparar, sin embargo antes de que tu bala conecte con tu objetivo este es derribado por otro muchacho, la bala le pasa rozando e interiormente agradeces, no le causara una herida de gravedad pero tampoco te agradaba la idea de que impactara con él, guardas la pistola y solo susurras una frase cuando te das cuenta de la situación —He fallado. —no te lo crees pues te jactas de tu puntería perfecta, pero Anna no consideraste todo en esta ocasión antes de jalar el gatillo. Suspiras antes de recoger el bolso y caminar hacia la maga. —Esa fue una técnica impresionante, —le reconoces pues es lo que piensas, —Pero no ubico muy bien tu magia, ¿Qué clase es? —aun vigilas al otro joven, esperando a que lleguen las autoridades pues estas segura que pronto vendrán.
Off:
Gracias, si al principio puede ser algo raro de leer pero te acostumbras, amo escribir de esta manera pero no con todos los personajes puedo, con Anna se puede así que me dije hazlo.

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Re: De carreras y otras cosas (Priv. Adelaide Feutille/Johan Air)

Mensaje por Adelaide Feutille el Dom Feb 02, 2014 8:40 pm

Adelaide pensó acercarse al lugar donde yacía en el suelo el individuo al que tiro con el viento, pero dudaba avergonzada y tímida a la vez de que se hubiese visto lo que llevaba bajo la falda, pese a ello centrarse en aquel individuo era en aquel momento lo más importante pues podría poner en peligro la seguridad del resto, no podía quedarse ahí parada.

Cuando decidió por fin adelantarse para asegurar que no huyese este se levanto corriendo, la mujer que corría tras él había sacodo hace rato un arma de fuego de la nada, como si utilizase el mismo tipo de magia que la suya pero con pistolas. Adelaide respiro tranquila al verla pues sabía que era una maga y con otra como ella allí la situación estaría controlada, pero el hombre se levanto dejando el bolsa, tirando al resto de personas a su paso. Por su voz desesperada parecía que le urgiese desaparecer de allí, además parecía estar buscando a alguien con la mirada asustada.

Adelaide se re-equipo de nuevo con el violín, tocando con la batuta los hilos de este pero sin llegar a producir ninguna nota, dispuesto a hacer lo mismo, pese a que pudiera avergonzarse de nuevo, con tal de que el ladrón no escapase, pero no le dio tiempo. Afortunadamente la chica había disparado al ladrón, y por si fuera poco, otra chico más se sumó a la corta persecución propinándole una fuerte patada en la cara del ladrón lanzándolo por los aires como consecuencia.

Este había chocado con fuerza contra una pared y parecía haber acabado inconsciente contra el suelo. Adelaile suspiro aliviada para posteriormente acercase a los dos individuos que habían ayudado a detener al ladrón, cuando llego en frente de ambos dos, inclino las espalda en forma de reverencia- Muchas gracias por la ayuda -Comentó a los dos para luego levantar la espalda mientras los sonreía-Vuelvo en un momentito -Les aviso para que pudiesen esperarla para poder hablar con ellos, si no estaban ocupados claro.

Había algo que le inquietaba a Adelaide, juraría que le pareció ver como buscaba a alguien en concreto. Se acerco al cuerpo aún inconsciente del ladrón observándolo luego con el atención. Fue entonces cuando pudo ver algo extraño en su cuello. Con cierta curiosidad, se agacho apartando un poco la ropa que le cubría el cuello observando un tatuaje que dejo sin palabras a la chica. Una estrella de seis puntas con tres lunas y tres soles alternándose dentro de ellas.
Ya había visto ese tatuaje antes, en el tablón de misiones de su gremio. Eran...

-¡¡Los trillizos Occelli!! -Grito con sorpresa y preocupación girándose hacia los que habían ayudado a detenerlo- Son tres hermanos ladrones que se dedican a robar por todo el Reino, son muy buscados por las autoridades. Si  uno de ellos está aquí los otros dos ladrones deben estar cerca también, suelen ir juntos y son peligrosos -Les explicó algo nerviosa mirando el resto de la calle por si encontraba alguno más.

Off-rol:
-Es ignorada y excluida de la conversación off- ;.; (?)

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Re: De carreras y otras cosas (Priv. Adelaide Feutille/Johan Air)

Mensaje por Johan Air el Mar Feb 04, 2014 9:23 am

Tch... definitivamente, odiaba las molestias. Y un sujeto que todo lo que saba heacer es robar y salir corriendo, no es más que una estúpida molestia. Acercándome al sujeto quedé justo junto a la pared, y mirándole al rostro no tardé en darme cuenta de que había quedado inconsciente por el golpe. En ese momento sentí como algo se deslizaba por mi mejilla derecha. Pasé el dedo índice por el lugar indicado y detecté una sensación extraña, como si algún líquido hubiera sido derramado. Apartando el dedo y poniéndolo a mi vista pude detectar el rojizo tono de la sangre bañándolo. ¿Sangre? ¿Había sido herido? Era posible. Instantes antes, cuando había golpeado al ladrón con una patada contundente, me había parecido ver venir en nuestra dirección un fugaz brillo. No sabía lo que era exactamente, pero aunque intenté apartar la cabeza ligeramente para evitar recibir el impacto de lleno en la cara, al parecer este había logrado raspar mi mejilla derecha, creando un ligero sangrado en la misma. Chasqueé la lengua y suspiré profundamente. En fin, no era algo por lo que hubiera que preocuparse en demasía.

Al cabo de unos instantes, la chica de cabellos rosados a la que había visto tocar el violín llegó a mi lado, seguida de otra joven. Si no me equivocaba, era la misma que había salido persiguiendo al, ahora inconsciente, ratero. Dediqué una mirada tranquila y seria a ambas. Estaba bien ver que no era la única persona que se preocupaba por hacer que este tipo de gente pagara por sus malas acciones, ¿Pero qué hacían aquí ahora? Ya habíamos acabado con el sujeto, por lo que no parecía haber razón aparente para que no siguieran con sus acciones diarias. Yo era suficiente para quedarme a custodiar al hombre hasta que llegaran las autoridades y se lo llevaran. Suspiré. Quizá si ellas tenían la intención de hacer lo mismo no era necesario que yo me quedara en un lugar como este... aunque tampoco era que tuviera algo mejor que hacer en esos momentos. Enarqué una ceja cuando la pelirrosa dijo algo como "gracias", y sin pronunciar palabra alguna me limité a agitar mi mano, quitándole peso al asunto. Yo había hecho lo que tenía que hacer, ni más ni menos, y no creía que fuera mínimamente necesario que mi compañera me agradeciera por ello.

-Me quedaré a custodiar al hombre hasta que vengan a recogerle.-enuncié con claridad, mientras cerraba los ojos y cruzaba los brazos a la altura del pecho- Podéis marcharos, no creo que tengáis razones para perder mucho el tiempo en esto.-lo que no se aplicaba a mí.

A medida que decía estas palabras vi como la chica violinista se acercaba al sujeto sobre cuyo pecho aun tenía mi pie y empezaba a investigarlo...  como si buscara algo. Enarqué una ceja al no comprender qué hacía exactamente, pero me quité el pie para que no le molestara y esperé en completo silencio una explicación al porqué de sus acciones. A modo de respuesta recibí una advertencia. ¿Trillizos Occeli? ¿Tres hermanos ladrones? Si eso era cierto podía traer muchos problemas inesperados... Miré a un lado y a otro de la plaza en la que nos encontrábamos, intentando identificar todo tipo de sujeto sospechoso que pudiera estar actuando de forma extraña. Pero a primera vista no parecía haber nada, nadie que mostrara signos de nerviosismo o que demostrara estar emparentado con aquel que yacía a nuestros pies. De cualquier modo, no era algo que pudiera afirmar, ya que desde esa posición mi campo de visión estaba muy limitado. Si de verdad quería tener una vista más general tendría que ganar altura.

Sin pensarlo dos veces me coloqué de cuclillas y di un salto todo lo alto que pude, ascendiendo en el acto más de dos metros. Pareciera que estaba a punto de volver a caer al suelo, pero mis pies quedaron fijos en el aire, como si se apoyaran en un suelo invisible. Repetí el proceso varias veces hasta haber ganado una altura de veinte metros, ya considerable. Desde esa altura podía ver a la perfección los grupos de personas al completo y las largas calles que se abrían a sus espaldas. Miré a un lado y a otro, intentando detectar cualquier detalle a destacar, pero no parecía haber ningún movimiento extraño en ninguno de los dos cúmulos de personas. Amplié mi rango de búsqueda a las calles que seguían a sus espaldas, y en ese momento sí que pude ver dos figuras que parecían correr desesperadamente y trataban  de alejarse de la escena del crimen. No descendí hasta donde se encontraban las dos chicas, y desde la altura en la que me encontraba dije a voz en grito para que pudieran escucharme:

-Dos sujetos están corriendo por la calle, uno por la de la izquierda y otro por la de la derecha,  más allá de toda el grupo de gente.-calculé la distancia a la que se encontraban en este momento- ¡Nos han ganado bastantes metros, pero aun podemos cogerles si actuamos rápido!

Sin añadir nada más ni esperar una reacción por parte de ellas hice que el viento se arremolinara en mis pies, convirtiéndolos en sendos torbellinos de pequeño tamaño. Sin dudarlo por un solo segundo empecé a correr, encontrándome aun a veinte metros de altura, desapareciendo en el acto de aquel escenario y lanzándome cual depredador hacia la calle de la derecha. Mis piernas se movían a una velocidad frenética, alta de por sí, y propulsadas por la magia eólica me hacían acelerar a un ritmo difícil de creer, convirtiéndome en una simple sombra que se movía por el aire. Mi velocidad de movimiento era muy superior a la del sujeto que aun huía, sin lugar a dudas podría darle alcance en cuestión de unos pocos segundos. El problema era el que había salido corriendo por el lado izquierdo... ¿serían las dos jóvenes lo suficientemente hábiles como para atraparle?

Técnicas usadas:


Primera técnica: Nombre de la técnica: Air Owner (Dueño del aire)

Tipo de magia: Magia elemental de aire

Descripción de la técnica: volvemos a la teoría básica de un elemental de aire, cuya función es la de controlar y manipular susodicho elemento a su gusto. Pues bien, en eso se basa esta técnica. Técnicamente las personas no pueden andar por el aire al ser este un elemento etéreo y sin soporte físico alguno, por lo que nada puede impedir que la fuerza de la gravedad les haga caer. Del mismo modo, las personas no podemos hacer que el aire que nos rodea nos permita flotar y volar a nuestro antojo. Ahora bien, estas dos cosas sí que son posibles para un elemental de viento. Hacer que el aire se vuelva sólido bajo los pies de uno mismo (formando como una pequeña plataforma invisible) y por lo tanto ser capaz de andar o correr por este según se desee; o incluso hacer que las corrientes de viento rodeen al usuario de esta técnica, moverlas a gusto y deseo del mismo y poder volar y planear sin siquiera la necesidad de unas alas que sirvan para ello. Este es el efecto de esta técnica: permite a Johan caminar o volar por el aire cuanto desee, hacer que este se vuelva sólido y por lo tanto encontrar puntos de apoyo cuando lo desee. Es una técnica puramente de movilidad que permite al usuario poder moverse en el aire como si estuviera en tierra firme, o incluso mejor.

Duración y limitaciones: podrá estar activada durante tres turnos, tras los que habrá que esperar cuatro turnos para poder utilizarla de nuevo.

Segunda técnica: Nombre de la técnica: High Speed (Alta velocidad)

Tipo de magia: Magia elemental de aire

Descripción de la técnica: se trata de una técnica sencilla que basa su eficacia en concentrar abundantes corrientes de viento alrededor de los pies y las piernas del usuario. Estas corrientes de viento le permiten moverse a una velocidad muy superior a la que él tendría habitualmente, además de le que dotan de la posibilidad de acelerar de cero a su máximo de velocidad en un solo instante. Otra cualidad de las corrientes es que pueden ser utilizadas como impulsor para dar grandes saltos (de hasta tres metros). Cabe mencionar que en ningún caso podrá Johan desaparecer de la vista del enemigo, al menos a este nivel de la técnica.

Duración y limitaciones: podrá estar activada durante tres turnos, tras los que habrá que esperar cuatro turnos para poder utilizarla de nuevo.

¡Disculpadme por la tardanza!

PD:Ade, a ti ya te dije que amaba las canciones que escogiste para el violín y el violonchello xD
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Re: De carreras y otras cosas (Priv. Adelaide Feutille/Johan Air)

Mensaje por Anna Blackwood el Miér Feb 05, 2014 5:32 am

A tu parecer la situación estaba controlada no había necesidad de que hicieran nada mas salvo esperar a que las autoridades vinieran por aquel delincuente, tu vena compasiva estaba entrando en debate con el razonamiento practico, aquel que te susurraba que él era un ladrón por lo tanto debería estar encerrado en alguna prisión, siendo custodiado y así resguardando a los ciudadanos comunes y corrientes. Tratabas de callar a esa vena pues ella te decía que debía haber un motivo para el comportamiento del muchacho. Quizás pretendías hablar con la peligrosa de ello, mas nunca sucedió pues esta corrió lejos de ti agradeciéndote por el esfuerzo realizado, con una sonrisa das media vuelta con la intención de irte de allí. Como había dicho el pelinegro.

Sin embargo escuchas la exclamación de la muchacha frunciste el ceño y giraste nuevamente para verla inclinada sobre el ladrón y exclamando que este pertenecía a una afamada banda de asaltantes, acababas de llegar a la ciudad y acostumbrada a pasar tus ratos libres entre bosques o zonas inhabitadas en esta ocasión ibas de pasada, pero tampoco dejarías correr el asunto como si nada,  ella decía criminales buscados por todo el país, es aquí cuando decides que debes estar mucho más enterada de lo que sucede alrededor del mundo, suspiras e Imitas al muchacho buscando a los otros dos, te sorprendes el otro, el joven de aspecto un tanto salvaje y con cabello negro, es también un mago, en Fiore eran minoría pero al parecer estas destinada a encontrar magos por aquí y allá. Lo escuchas gritar y dar las indicaciones.

Felicidades Anna sin querer te has metido en una situación para nada normal, lo escuchas dar las direcciones y alcanzas a divisar a aquel que corría rápidamente. Consideraste seguir al chico, pero eso era exactamente lo que habías hecho hace poco y admítelo no había funcionado, calculaste la distancia y en efecto esta dentro de tu rango de acción. Suspiras… sabes que al tercero lo tiene cubierto aquel chico, así que tu derecha estaba cubierta. —Re-equipar bláth uaigneach —tu equipamiento hizo exactamente lo que esperabas con toda aquella gente que estorbaba tu disparo, no pudiste evitarlo sonreíste, incluso hubo un pequeño brillo en tus ojos, te acomodas mientras las personas se apartan, por la mira divisas al joven— lámhaigh singil —Entre más lejos estuviera habría menos posibilidad de acertar, pero considerabas que aun estaba en tu rango de efectividad.


Tecnica:

Nombre del Hechizo: bláth uaigneach lámhaigh singil (flor solitaria: disparo único)
Clase de magia: Pistolas magicas (re-equipar)
Descripción: Este es un rifle, usado en ataques a larga distancia, tiene una precisión efectiva del 90% con objetivos que se encuentren a una distancia de 12-15 metros, tiene tres tiros que paralizan al oponente, alrededor de la zona de impacto, pues las balas de bláth uaigneach están bañadas en una toxina paralizante.
Duración / Limitaciones: Su duración es hasta que los tres disparos hallan sido realizados (1-2 turnos) necesita de cuatro mas para poder invocarse.

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Anna Blackwood

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