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Días de paso, arañando la supervivencia [Laxus Dreyar]

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Días de paso, arañando la supervivencia [Laxus Dreyar]

Mensaje por Kakugo Kasuka el Sáb Ene 25, 2014 3:46 pm

Un sol fulgoroso en lo alto del cielo. Tan grande, tan intenso, que lograba que un día cualquiera de la estación invernal pudiera parecer uno de esos abrasadores días de verano. No había nieve allá donde miraras, no había gente congelándose de frío y buscando un lugar donde cobijarse, tan solo personas malhumoradas y acaloradas que llevaban menos ropa encima de la que esperaban necesitar aquella misma mañana. El tiempo es impredecible, este es un hecho, y ni el sabio más atento y hábil podría llegar a controlarlo a la perfección. ¿Por qué? Es simple: porque es parte de la naturaleza, y esta es tan grandiosa al tiempo que misteriosa que nos envuelve en sorpresas y hechos inesperados de manera totalmente aleatoria.

Sin embargo, un temporal como esto, no infernal por caluroso, no impedía que las personas llevaran a cabo sus debidas actividades diarias. En los distritos comerciales de Magnolia aun se podían ver al carnicero vendiendo su porción de lomo a las amas de casa, al pescadero charlando con los pescadores para comprarles los lenguados más frescos y unirlos a su repertorio de alimentos, o a la verdurera regalando un jugoso y sabroso tomate a un niño que pasaba caminando con su madre enfrente de su tienda. Estrategias de comercio, por supuesto, segundos después ya estaba la madre mirando al interior del local y observando qué se podía llevar para completar la sabrosa ensalada que prepararía esa misma noche para su familia.

Todos parecían buenas personas: comerciantes y compradores, niños y adultos, jugueteando y riendo como si aquel calor derritiera sus cerebros y solo les permitiera soltar esas risas tontas y falsas que suelen aparecer en la garganta sin siquiera sentir nada de lo que en realidad expresaban. Pero bueno, algo hay que decir a su favor: todos ellos eran conscientes de la presencia del otro. Al menos no se ignoraban, se tenían en consideración y actuaban acorde a esto, no había nadie que pasara desapercibido entre aquellas abarrotadas calles en una calurosa mañana de principios de semana. No, ni siquiera un niño pequeño que se escurría entre las piernas de adultos y jóvenes mientras sostenía entre sus pequeños brazos una pequeña barra de pan.

-¡Al ladrón, al ladrón!-gritaba la voz del panadero, que había salido al exterior de la calle para dar saltos y empezar a increpar, insultos entre los labios, contra la criatura que le había robado la primera barra de pan horneada de la mañana.

Sí, ese ladronzuelo era yo, una pequeña criatura de once años que todo lo que hacía era abrazar con todas sus fuerzas el alimento que había tomado (eso sí, diciendo antes de hacerlo: "¡Con permiso!") y correr tan rápido como sus pequeñas piernas le permitían mientras no dejaba de repetir una y otra vez: "¡Gomenasai, gomenasai, gomenasai, gomenasai!". Corría sin mirar atrás, y casi con los ojos cerrados, lo que me propiciaba más de un choque contra las piernas de adultos y contra los cuerpos de niños pequeños, hasta el punto de quedar yo al borde de caer al suelo un par de veces. Y por supuesto, como era de esperar de alguien tan torpe y desafortunado como yo, no todo iba a salir a pedir de boca. Cuando ya llevaba más de mitad de camino recorrido y estaba a punto de girar por una callejuela que se abría a mi derecha, una persona de gran tamaño y corpulenta figura se interpuso en mi camino, forzándome a chocar contra él y caer al suelo. Mis ojos ambarinos, inocentes, asustados y desconcertados solo tuvieron que alzar la mirada para ver cara a cara al carnicero, cuchillo en mano y con una mirada despectiva y odiosa en el rostro:

-¿A dónde crees que vas, jovencito?-decía mientras remugaba y reproducía un molesto sonido procedente de su boca.

Todo lo que pudo salir de mis pulmones en ese momento fue un: "¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhh!!!!!". Me incorporé en el acto de un salto y volví a salir disparado hacia delante, pasando sin dificultad por entre las piernas del titán que me había bloqueado con anterioridad. Este sujeto, molesto e indignado, quedó perplejo y se giró en la dirección que había tomado, moviendo el cuchillo a un lado y a otro sin ser consciente de que ponía en peligro a todas aquellas personas que tenía a su alrededor. Para mi desgracia ya había perdido la oportunidad de pasar por la callejuela que había a mi derecha, simplemente me había olvidado de ella, y ahora tenía que correr por la larga calle comercial durante un largo trecho más, hasta encontrar un nuevo lugar por el que escaparme y hacer que saliera victorioso de mi robo. Ni el carnicero ni el panadero parecían perseguirme, pero a la distancia aun se podían escuchar sus gritos de "¡Al ladrón!", lo que sin duda podía llamar la atención de la gente que había a mi alrededor y hacerles sospechar de aquel pequeño niño que seguía corriendo desesperadamente con una barra de pan entre sus brazos.

En fin, lo que tenía que hacer uno para llevarse un bocado a la boca...
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Re: Días de paso, arañando la supervivencia [Laxus Dreyar]

Mensaje por Laxus Dreyar el Sáb Ene 25, 2014 5:33 pm

Aquella calurosa mañana en la que nos encontrábamos junto con todas las personas que odiosamente hacen sus tareas diarias ,vendedores hablando con las mujeres que solo querían comprar y regresar a su hogar con su familia ,mas gente haciendo filas para cierto local de alimentos u otras simplemente estorbando por medio de las calles.Niños jugando ,corriendo y riendo descontrolados ,los padres solo atentos a las promociones que ofrecen los vendedores para sus clientes.Personas reunidas en el medio de todo para discutir asuntos que involucran a todos los demás,al mirar a hacia un lado se encuentra otro vendedor chantajeando a sus clientes con productos baratos e inservibles que para lo único que sirve es para gastar dinero y hacer enfadar a sus dueños.

Caminando por las calles infestada de gente que lo único que hace es estorbar como lo había mencionado anteriormente ,tener que esquivar a las madres desatentas y a los niños descontrolados era una total molestia ,yo solo quería caminar tranquilo sin que nadie me moleste pero los gritos de toda una ciudad no era lo que necesitaba ¿que rayos les pasa? es una mañana hermosa ¿por que no pueden estar tranquilos? pensaba mientras caminaba con mis ojos cerrados y mis auriculares mágicos estaban al máximo pero aún así se podía escuchar a las personas quejarse sobre sus compras innecesarias y de sus productos de baja calidad.Estoy cansado de esta ciudad y de sus habitantes ,lo único que hacen es quejarse y que alguien mas resuelva todo para ellos ,no lo hacen por si mismos.

Algo andaba mal,había mucha gente junta al mi alrededor ,decidí abrir mis ojos para verificar lo que pasa y por alguna maldita razón termine en medio de una multitud que se quejaba sobre la seguridad de las calles ,habían muchos robos e incidentes con aquellos asquerosos delincuentes que solo hacían daño a la sociedad.Miraba mis alrededores para encontrar alguna salida del lío que me había metido ,siento que me pasa algo cerca de mis piernas, como lo presentía ,un mini-delincuente que se había robado con trozo de pan y corría desesperado para que el panadero no lo capturara y del otro lado se encontraba el carnicero con un cuchillo en su mano esperando a aquel engendro apareciese por ahí y así fue ,el pobre niño grito del susto cuando vio al carnicero esperándolo con un cuchillo  en su mano.El niño logro esquivarlo y huir lejos de aquellos hombres que solo trataban de ganarse la vida.

Separe a la multitud que me estorbaba y seguí al muchacho que corría desesperado para que no lo atraparan ,pero de mi no iba a poder huir ,conozco esta ciudad como la palma de mi mano me decía a mi mismo mientras caminaba detrás del niño.De un momento para otro ya no soporte caminar y seguirlo ,es hora de tomar al toro por los cuernos ,solo use el mínimo de mi magia para encontrarme frente aquel niño-Oh ¿pensaste que podías huir?,robar no es de niños así que te sugiero que lo devuelvas-Le dije con una mirada amenazante ,se podría decir que eh ayudado a los comerciantes pero no es así ,solo lo hice por que no soporto a los delincuentes que creen que podrán salirse con la suya.

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Re: Días de paso, arañando la supervivencia [Laxus Dreyar]

Mensaje por Kakugo Kasuka el Sáb Ene 25, 2014 7:53 pm

La suerte no estaba de mi lado, nunca lo estaba. Era como si alguna vez hubiera visto un gato negro por las calles, aunque no tengo verdaderos recuerdos sobre tal suceso, y la mala suerte derivada de esto se hubiera prolongado a lo largo de los años. Nada salía como yo lo esperaba, siempre tenía que encontrarme con los obstáculos más difíciles de superar: una caída inesperada, un encuentro indeseado, una noche en el lugar más frío de la ciudad, un ataque felino mientras descansaba después de una carrera y era incapaz de defenderme... ¡Ah! Es imposible recordar todas las malicias y dificultades por las que hube de pasar en mi infancia. Y por supuesto, aquella mañana que bailaba entre las estaciones del invierno y el verano no iba a ser una excepción.

Pude correr con libertad por unos cuantos metros aun después de haberme chocado contra el carnicero y pasar por debajo de sus piernas. Me separaban cerca de diez metros de la próxima bifurcación de las calles, si conseguía llegar hasta ahí estaba seguro de que lograría salir de aquella evasiva con éxito. Me sentía incluso feliz, hacía varios días que no me llevaba nada a la boca, una barra de pan en ese momento era para mí poco menos que un manjar. Esa fue mi torpeza: emocionarme con tanta facilidad, creer que lo tenía ya todo ganado y que no podía encontrarme con nada que me obstaculizara a esa altura. Pero me lo encontré, aun con las pocas posibilidades que tenía de hacerlo, me lo encontré.

Cuando casi alcanzaba mi destino me permití girar la cabeza ligeramente hacia atrás, de tal modo que pudiera avistar si tenía algún perseguidor o si el carnicero y el panadero habían desistido. No había nadie sospechoso. Sonreí, aquella era mi vic... ¡Pum! De nuevo me choqué contra algo, tal y como había hecho anteriormente contra el carnicero, pero esta vez el impacto fue más brusco gracias a mi descuido y la velocidad que llevaba. Mi pequeño cuerpo de infante rebotó, cayó al suelo y rodó por este llenándose de polvo y logrando algunas heridas en los brazos. Incluso se me escapó el pan de entre los brazos y rodó a un lado de la calle. Por lo suerte aquel rebozar oscuro no contrastaba en absoluto con mi cuerpo, que ya estaba bastante sucio y vestido con ropas handrajosas. Me resentí un poco de las magulladuras ganadas en las manos y las heridas de mis piernas, pero pronto me olvidé de este dolor, pues ya estaba acostumbrado a heridas y golpes mucho mayores, y me limité a levantar la cabeza para ver a aquella persona con la que había chocado.

Quedé paralizado. Simplemente, paralizado. No pude mover ni un músculo por más de un minuto. Mi cabeza se encontraba levantada, clavando los inocentes y dulces ojos ambarinos en el rostro de aquel gran hombre de rubios cabellos y su gesto intimidatorio. Y esto no era todo: electricidad, electricidad recorriendo su cuerpo y recordando a las malas noches de tormenta que ya me habían hecho pasar más que un mal sueño. Aquel sujeto no era como el panadero, ni siquiera como el carnicero, no era como ninguna persona que hubiera conocido hasta el momento presente. Aquel sujeto era un mago.

-Ah... ahhh.... ahhhhh... ¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!

Un grito agonizador escapó de mis fauces tras más de un minuto sin poder reaccionar de modo alguno, solo temblando, con los ojos aterrorizados y estando al borde de perder el autocontrol y vaciar la vejiga ahí mismo. Sin embargo, el tiempo de este tipo de horror paralizante pasó, y llegó el momento del verdadero terror. Mis pequeñas manos me ayudaron a levantarme con total premura, le di la espalda al hombre sin pensar en nada (por supuesto, incluso sin recoger la barra de pan) y empecé a correr en dirección contraria de allá a donde me dirigía: es decir, por donde había venido. Mi corazón me latía a una velocidad desorbitante, mi pecho subía y bajaba como loco, y la gente a mi alrededor se apartaba de mi lado tan solo por creer que el niño que se encontraba ahí corriendo no era más que una rata desquiciada que podría transmitirles la rabia en cualquier segundo.

Sin embargo, el carnicero no lo vio así. En cuanto llegué a la altura de la carnicería el hombre ya se encontraba fuera, esperando mi llegada después de haberme visto empezar a correr metros más allá de donde él se encontraba. Al pasar por su lado se limitó a pararme en seco cogiéndome del pelo y levantándome del suelo sin ningún tipo de miramiento ni pena. Por supuesto, yo me revolví y quejé por el dolor que sentía mientras me estiraba del cabello, sintiendo casi como si me lo fuera a arrancar. Cerré los ojos y braceé y pataleé a un lado y a otro, sin golpear a nadie (ya que las personas de la calle se habían alejado de mí y me observaban como un simple maniático sin remedio). Por supuesto, también gritaba: gritaba de dolor, de miedo y de desesperación. Lo que seguiría a aquello estaba más que claro.

-¡Maldita rata de cloaca! ¿¡Cómo te atreves a volverte a pasar por aquí!?-su voz era ronca, le olía mal el aliento y casi me soltaba saliva encima por hablar con tan poco cuidado, escupiendo cada palabra.

Tras estas palabras malhumoradas me levantó más de lo que ya hacía y seguidamente me lanzó contra el suelo con total brusquedad. Me pegué en este con la sien y la mejilla derecha. Maldita fuera... se me iba a hinchar, y si no hacía algo acabaría mucho peor en los próximos días. Sin embargo, aun no era el momento para preocuparme de eso, pues sabía que aun debía recibir mi merecido por parte de otra persona. En efecto, el panadero había dejado su propio establecimiento y se acercaba a mi posición con paso fuerte y malhumorado, despidiendo rabiosas respiraciones, encorvado y con su mirada flameante clavada en mi cuerpo inmóvil caído en el suelo. Lo primero que hizo fue darme una patada que me mandó dos metros más allá de donde había caído, y tras esto añadió:

-¡Maldito niño! ¿¡Dónde está mi pan!?

Aun desde el suelo desvié la mirada y la clavé en la pared que tenía a la derecha, limitándome a añadir.

-Lo... lo... lo perdí...-decía con dificultad, parecía que ya se me empezaba a hinchar la mejilla- Se me calló mientras corría...

El hombre, iracundo, volvió a andar en mi dirección y me levantó del suelo cogiéndome del pelo, igual que lo había hecho el carnicero. Sin embargo, él no tenía la fuerza de este, por lo que no me pudo alzar varios metros de tierra, y se limitó a abofetearme con rabia una y otra vez, preguntándome sin cesar "dónde se encontraba la barra de pan". Yo seguí respondiéndole entre lloros que no lo sabía, que la había perdido, pero el hombre no se cansaba y seguía repitiendo las mismas preguntas. Al final mis palabras se convirtieron en balbuceos y ya no podía decir nada inteligible. La gente que había estado observando toda la escena también se empezaba a afectar, y todo lo que podían hacer era desviar el gesto. Al fin y al cabo, aunque fuera una rata de cloaca, nunca era grato ver a un niño golpeado tan salvajemente. Incluso el carnicero tuvo que dejar de observar y entró en su tienda para proseguir con sus quehaceres.

Hubieron de pasar varios minutos para que mi agresor se saciara, y lo hizo básicamente por la petición de unas pocas personas que encontraban desagradable verme en el estado en el que me encontraba. Claro, a nadie le gusta ver un mueble carcomido o un animal medio muerto. Finalmente me soltó lanzándome contra la pared, y haciendo que mi espalda crujiera al recibir tan doloroso impacto.

-¡No te quiero volver a ver por aquí, rata callejera!-gritaba el hombre mientras se marchaba, escondiendo la mano con la que me había estado golpeando, que estaba teñida por un agresivo tono rojizo.

Sabía que lo que decía era verdad, y que más me valía desaparecer de ahí cuanto antes si no me quería meter en más problemas. Me dolía todo el cuerpo y mover el más mínimo músculo era ya un suplicio, por lo que hube de gatear, si no arrastrarme, hasta entrar en la callejuela por la que tendría que haber pasado desde un principio. Si hubiera entrado ahí probablemente la situación hubiera sido muy diferente. Me adentré diez metros hasta quedar a la mitad del callejón, al principio sentado sobre un fresco cartón que se encontraba a la sombra, el mismo lugar en el que había dormido esa noche. Al principio quedé sentado, sorbiendo los mocos y tratando soportar las lágrimas que luchaban por salir al exterior. Tenía que ser fuerte, tenía que superarlo. Sin embargo, para mi desgracia aun era un niño. Finalmente me eché sobre el cartón, me hice un ovillo y empecé a llorar desconsoladamente, como si tuviera que llorar lo acumulado en diez años y no tan solo lo acumulado en un par de minutos.

Odiaba tener que ser tan llorón y debilucho, pero no podía hacer nada para evitarlo.
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Re: Días de paso, arañando la supervivencia [Laxus Dreyar]

Mensaje por Laxus Dreyar el Sáb Ene 25, 2014 9:27 pm

Aquel niño que se había robado el trozo de pan se encontraba tumbado en el suelo ,el pan cayo unos pocos metros de donde nos encontrábamos ,el joven levanto su cabeza junto con su ojos para observar el nuevo obstáculo que se cruzo en su camino ,yo, su mirada expresaba temor hacia mi a los pocos segundos el niño comenzó a gritar ,eso si me saco de quicio odio los gritos y mas cuando es de un niño por su voz aguda.Trate de acercarme pero aquel delincuente salio corriendo antes de que pudiera hablarle ,siempre con lo mismo encima en este día tan caluroso y con tantas personas me va a hacer seguirlo ,observaba con el niño se alejaba poco a poco retome mi posición para nuevamente aparecer frente a el,desvié la mirada a donde estaba el trozo de pan que aquel niño había hurtado me iba a odiar por esto ,camine hacia el pan para tomarlo y cuando mire por donde el niño había ido vi una imagen que simplemente me enfureció,el carnicero maltratando al niño.

Cerré mi puno mi puño con fuerza y dirigí mis pasos hacia esa fea escena ,algo que odio mas que los delincuentes y los débiles son los que maltran niños,ya se que no soy una buena persona e provocado temor en muchos lugares incluso logre que todo el gremio de Fairy Tail me tuviera rencor por mis actos ,maltrato gente pero nunca lo haría hacia un niño ,en mi rostro mostraba una mirada fría y con odio hacia aquellos viejos ,pero aún mas hacia las personas que observaban y no ayudaban al niño.Quería tomar por sorpresa al estúpido del carnicero quería que viera lo que se sentía ser golpeado hasta perder  la conciencia .Mientras me dirigía hacia mi objetivo el panadero barbudo se acercaba al asunto.

El niño paso de a ser ahora golpeado por el carnicero mientras todos observaban la escena del pobre niño ,mas y mas me enfurecía mientras caminaba hacia el lugar,rayos brotaban de mi cuerpo haciendo que me viera aún mas sádico y temible.Nadie hacia nada al respecto sobre aquel horrendo acto del panadero ,mas y mas me acerca con odio hacia aquellos hombres que osaban ponerle una mano encima de un niño.Mirando a mis alrededores se podían ver algunas personas que ni siquiera podían ver tal acto ,solo miraban hacia otro lado mientas aquel niño era golpeado.


Al llegar al lugar de la escena el niño ya no estaba ,el carnicero también había desaparecido pero el panadero recién estaba dando la vuelta pero dirigirse a su lugar de trabajo -Oye desgraciado ¿esto es tuyo?-Dije mientras todos incluido el panadero volteaban ,aquel sujeto asentó con su cabeza y caminaba a mi lugar estirando su mano para tomar el pan y con una cara de agradecimiento ,cuando lo tenía justo en frente de mi no dude en colocar un puñetazo en su horrendo rostro y para agregar efectos a mi golpe lo impulse con un poco de mi magia haciendo que el desgraciado volara a su establecimiento  casi destruyendo el local por completo,di una ligera sonrisa y hacia un callejón donde la gente había señalado que estaba el niño.Me acerque a el mientras este lloraba por los golpes del panadero -Toma-dije mientras dejaba caer el pan en sus brazos -Ni creas que volveré a ayudarte,niño-Comente antes de irme al lugar donde el carnicero trabajaba para también darle una pequeña lección.

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Re: Días de paso, arañando la supervivencia [Laxus Dreyar]

Mensaje por Kakugo Kasuka el Sáb Ene 25, 2014 11:13 pm

Sí, definitivamente sí, esa era la posición que mejor me quedaba. Echado en el suelo, sobre el más mínimo lujo que me pudieran llegar a ofrecer las calles, con los ojos rojizos y dejando que de ellos calleran lágrimas por doquier. No me gustaba que la gente me viera así, por eso siempre me escondía en callejones y lugares oscuros o poco conocidos, de modo que al menos pudiera creer que nadie me estaba viendo y nadie era consciente de cuan desgraciado era. Solo yo, solo yo podía ser confidente de cuanta crueldad y desgracia conllevaba mi vida. Porque si los demás lo supieran... ¿Qué pasaría? Quizá algunos me tuvieran pena, quizá algunos simplemente me despreciaran más, y otros simplemente me tratarían como un despojo humano. ¿Era este el destino que había guardado para mí la vida? No me gustaba, no me gustaba en absoluto, pero no podía hacer nada para luchar contra él.

Las lágrimas se iban acumulando en mi rostro y los mocos entre mi pequeña nariz, por lo que mientras mi pequeño cuerpo dolorido seguía temblando y mis respiraciones se volvían más y más ruidosas por segundos, no era capaz de atender a nada más que me rodeara. Me dolía todo el cuerpo: la espalda, la cabeza, las mejillas, e incluso las piernas. No sabía si tenía algún hueso roto o simplemente era producto del impacto del momento y se me pasaría en unas horas, pero fuera cual fuere el caso sabía por experiencia que el tiempo todo lo arreglaría... y si no lo hacía solo tendría que desaparecer de ese mundo e ir a reunirme con mis padres y aquellas malas personas a las que apenas unos meses atrás había... no, no quería recordarlo, no era momento para hacerlo. Si lo hacía lloraría aun más.

El sonido de las ratas correteando y reproduciendo extraños sonidos por el callejón, monótonos, monótonos y agudos, pero graciosos hasta cierto punto, se llevó la poca atención que no prestaba al dolor que sentía por todo el cuerpo, y me dispensó por completo de presentir la llegada del personaje de rubios cabellos e intimidatoria mirada hasta que lo tuve justo encima y proyectó sobre mí una sombra más grande de la que ya me cubría. Apenas tuve tiempo para empezar a deshacer mi ovillo y girar la cabeza ligeramente antes de que se me echara aquel extraño objeto sobre mi propia cara. Al principio creí que era otra persona dispuesta a darme una nueva golpiza, y que aquel objeto era algo malo que iba a hacerme daño, por lo que simplemente empecé a retroceder nuevamente y a ganar distancia entre mi nuevo acompañante y yo. Los temblores aumentaron, pero las lágrimas se pararon en seco, y no pude levantar la cabeza lo suficiente para mirarle al rostro hasta que había recorrido por lo menos tres metros desde la posición en la que aquel sujeto me había encontrado.

De nuevo el miedo se apoderó de mí, pero no un miedo como el que sentía con el panadero o el carnicero, sino un miedo mucho mayor y desconocido: el miedo a alguien que me podía desintegrar con solo chasquear sus dedos. Un mago. Por supuesto que era consciente que yo también era un mago, pero precisamente por eso le temía. No había nada en el mundo a lo que yo pudiera temer más que a mí mismo, a mi propia magia, y por lo tanto también se lo tenía a aquellos seres que pudieran controlar un poder semejante al mío, o incluso peor. El terror en este momento no se proyectó en forma de parálisis, sino al contrario: como un acto desesperado que me hizo ponerme de rodillas y hacer una exagerada reverencia que me dejó con la cabeza posada sobre el suelo.

-¡¡¡Gomenasai, gomenasai, gomenasai, gomenasai!!-mi voz sonaba como gritos que rogaban por su vida- Kasu no quería hacerlo, Kasu solo lo hizo para sobrebivir. Kasu promete... Kasu promete... ¡¡¡Kasu promete que no volverá a robar a nadie!!! Pero no le hagas daño a Kasu... ¡¡¡Por favor, no le hagas daño a Kasu!!!

Aun después de tales palabras no me retiré de tal posición, tan solo esperé por la respuesta que determinaría si mi vida acababa en este mismo día o si la agonía se postergaría por algo más de tiempo. En realidad no me preocupaba que me diera un puñetazo o que hiciera como el carnicero y el panadero, ese dolor lo acabaría superando con el paso del tiempo; lo que realmente me aterraba era lo que pudiera hacerme con su poder mágico. Esos rayos que relampagueaban a su alrededor y que podía escuchar aun teniendo las orejas tapadas y estando tirado en el suelo, me daban miedo. Me daban mucho miedo, tanto o más que su mirada despectiva y asesina, la misma que me había lanzado al verme huir con el pan entre las manos.

Por eso cuando escuché el "Ni creas que volveré a ayudarte, niño" quedé totalmente desconcertado. ¿Eh? Ayudarme, ¿A qué se refería? Con mucho cuidado levanté la cabeza justo a tiempo para ver cómo el sujeto me daba la espalda y empezaba a andar hacia el exterior de la calle. ¿Se estaba yendo, iba a ser piadoso y no me iba a pegar? Quizá no fuera una persona tan terrorífica al fin y al cabo... no, mentira, sí que lo era, su mirada y los rayistos que volaban alrededor de su cuerpo no podían mentir. Pero aun así... ¿Ayudarme? Cuando el hombre desapareció de mi vista tuve tiempo para bajar la mirada y mirar al frente con más tranquilidad.

Fue este el momento en el reparé sobre el alimento que había tirado en el suelo: una barra de pan. ¿Qué hacia eso ahí? ¿Lo que me había lanzado antes no era un arma? ¿Acaso las lágrimas que aun habían entre mis ojos me estaban haciendo ver algo que no existía en la realidad? Me retiré las lágrimas con lentitud y empecé a gatear en dirección al extraño objeto, y al tomarlo con mis manos, palparlo, aplastarlo un poco para ver cuán blando era y darle un pequeño mordisco... descubrí que sí, en efecto: era una barra de pan, y aunque estaba un poco sucia y tenía algo de tierra por encima seguía teniendo esa suavidad y ese buen sabor que tanto caracterizaban a los alimentos recién hechos. A pesar de todo por lo que había pasado... seguía siendo un alimento digno de dioses.

Intenté ponerme en pie y correr hacia el exterior del callejón, al menos tenía que darle las gracias al rubio personaje, pero las piernas me fallaron y tuve que volver a moverme a rastras. Llegué hasta el límite del callejón con la calle de los comerciantes y miré a un lado y a otro, buscando la figura de aquel sujeto allá donde fuera. Pude visualizarle justo antes de entrar en la carnicería. ¿En la carnicería? ¿Qué podía buscar ahí? Bueno... no era tan extraño que tuviera que hacer unas compras, al fin y al cabo se encontraba caminando por esta zona, seguro que algo le debía haber traído hasta aquí. No sin dudarlo por largos segundos acabé saliendo de mi escondite a gatas, haciendo que mi cuerpo permaneciera tan pequeño como pudiera y pasara oculto al resto de biandantes del lugar. Me acerqué todo lo que pude hasta la puerta de la carnicería y me quedé a las puertas de esta, tan solo mirando al interior y esperando que el hombre de relampagueante aura y rubios cabellos hiciera ahí sus quehaceres y volviera a salir fuera.

Podía seguir siendo una persona terrorífica, pero incluso a las personas que dan miedo hay que agradecerles cuando se portan bien contigo.
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Re: Días de paso, arañando la supervivencia [Laxus Dreyar]

Mensaje por Laxus Dreyar el Dom Ene 26, 2014 1:23 pm

Aquel día sin duda fue el mas molesto que e tenido hasta ahora.Luego de a verle dado el trozo de pan a ese niño me dirigí a la carnicería donde se encontraba su dueño que también estuvo involucrado en la horrenda escena anterior.Mientras daba pasos firmes hacia aquel local pensaba ¿por que estoy haciendo esto? así no soy yo "El Gran Laxus" ayudando a aún niño pero bueno estaba justificada mi ayuda,el pobre niño fue brutalmente golpeado por esos sujetos con algún desorden alimenticio ,yo seré tan malo como quieran pero no podía dejar pasar esto,oh si este tipo va a obtener las consecuencias que el mismo busco.Bien ahora mismo me encontre otro problema,todas las personas que estaban presentes ante el ataque al joven niño ahora estaban ahí por dos motivos,uno era por la sorpresa que le di al panadero y segundo para quejarse sobre el local semi-destruido,cierto ellos aún deben hacer sus mandados diarios y gracias a mi no podrán acabarlos.

Oh como me odio o mejor dicho como odio a estas personas que osan quejarse de mi mientras ellos miraban a otro lado cuando aquel pequeñín era brutalmente golpeado por esos gorilas estúpidos pero aún así ellos me rodeaban para insultarme y quejarse por mis actos,seguro sus compras son mas importantes que cualquier cosa,estúpidos insectos. Las personas no se iban y al parecer aquel carnicero estaba feliz por que me bloqueaban el paso a su comercio,una mujer joven se acerco mucho mas que las otras personas para reclamar ¿Es la amante o es la esposa del panadero? no le preste mucha atención solo seguí quitando personas del camino.Esa mujer de tanto que la ignore derramno algunas lagrimas por los hechos ocurridos ¿Ella cree que voy a parar o pedir disculpas solo por que lloro? Uhm esta mujer no me conoce para nada,ni que fuera de mi gremio ahí podría considerarlo pero no es así,que llore todo lo que quiera.

Al fin logre que todas esas personas ya no me estorbaran y así concluir esta "visita" al carnicero.Me pare justo en la entrada bloqueando la salida para que no huya,el "pobre" hombre estaba aterrado por mi presencia en el local.El hombre tragaba saliva mientras caminaba lentamente lejos de mi,paso a paso muy lentamente de una forma muy lenta como si fuera una tortuga ,yo solo lo observaba con una mirada fría que expresaba odio hacia este.Sonreí levemente mientras caminaba por la tienda arrogando todo al suelo hasta llegar a la caja de cobro donde allí mismo se encontraba el carnicero con un susto de mil demonios,silbaba mientras paso a paso me acercaba al tipo del local.Lo sujete de su camisa y lo arroge a los productos que se encontraban en el fondo del lugar.

Tiempo había pasado del incidente con aquel misterioso niño,pero bueno ya no importaba ahora solo me concentro en ese viejo que pedía piedad mientras me le acercaba muy lentamente para seguir cobrando ¿justicia?.El carnicero se arrodillaba para pedir perdón eso ya no importaba,lo tome nuevamente de su camisa y empece a golpearlo con mis puños sin compasión ¿acaso el tuvo compasión con el niño? no lo creo,seguí golpeándolo hasta cierto punto en que me aburrió ya no oponía resistencia y no era divertido.Lo solté mientras que este le costaba respirar pero en cinco minutos se le pasaría,luego de salir de aquel estúpido lugar me encontré con el niño en la puerta ,solo hice una mueca con mi cara y seguí caminando

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Re: Días de paso, arañando la supervivencia [Laxus Dreyar]

Mensaje por Kakugo Kasuka el Dom Ene 26, 2014 3:02 pm

Es sorprendente la facilidad con la que pueden cambiar las cosas. lo que había empezado como un sen cillo día, caluroso y agobiante hasta cierto punto, se había acabado por convertir en poco menos que una batalla campal. No era raro ver como un ladronzuelo robaba algo de alimento y huía con este: si lograba escapar, ganaba su botín; si era atrapado, recibía otro tipo de "premio". Era algo así como la regla estipulada en la sociedad para este tipo de situaciones: no tener piedad con los ladrones, hacerles pagar con creces por aquello que habían intentado usurpar, sin tener la más mínima consideración por su edad, su estado físico o su estado mental. Esto era algo a lo que la gente se había acostumbrado, algo que tomaban como inevitable, como parte de la naturaleza... pero lo otro era completamente diferente.

No exageraría al decir que era la primera vez que los "justicieros", los que solo quisieron atrapar al ladrón y hacerle pagar por sus robos, eran ajusticiados por un sucedáneo de lo que ellos eran. El panadero ya estaba acostumbrado a que le robaran uno o dos panes a la semana, y por lo tanto aquello de las palizas a los ladronzuelos se había convertido para él en algo parecido a una rutina, de ahí su comportamiento salvaje e inmoral para con su usurpador. En cuanto al carnicero, solo era uno de esos hombre aburridos de su vida diaria, y que quería demostrar un poco de fuerza y de ímpetu de vez en cuando: en esta ocasión lo había hecho tomándome a mí como su objetivo y hacíendome presa fácil para el verdadero enemigo. Sin embargo, ninguno de ellos esperaba que sus actos dieran un final como aquel que se había desarrollado. ¿Quién iba a esperar que un loco arremetiera contra ellos y les diera semejante paliza a la que habían repartido?

Por supuesto, yo no era una de esas personas que podrían esperarlo. Gracias al cúmulo de gente que rodeaba la carnicería logré escabullirme bajo sus pies sin que me detectaran, y de este modo logré llegar a la puerta de la carnicería y conseguí un puesto para ver en primera persona lo que ahí dentro se desarrollaba. Y lo que vi me impactó, por supuesto que lo hizo. Ver a aquel hombre de rubios cabellos acercándose al rudo personaje que minutos atrás me había cogido del pelo y me había arrojado contra el suelo; ver cómo aquel que entonces parecía una ruda bestia sin miedo ni consideración todo lo que mostraba frente al mago del relámpago era pavor y arrepentimiento; y finalmente observar como el sujeto de robusta figura y relampagueante aura empezaba a propinarle golpe tras golpe a aquel ser que ni siquiera era capaz de sujetar el cuchillo que portaba en la mano. Me llevé las manos a la boca ante el desarrollo de la escena. No sabía porqué, pero sentía unas tremendas ganas de echarme a llorar, y no pude aguantar por más de unos segundos el ver como mi "defensor" (porque de eso se trataba, ¿Verdad?) devolvía cada una de las heridas que yo mismo había recibido.

Me volví a meter entre la gente y escapé a un lado de la carnicería donde no podía ver cómo se desarrollaban las cosas en el interior de la misma. Me senté en el suelo y me abracé a la barra de pan. Era la primera vez que alguien me defendía, la primera vez que alguien luchaba contra los maleantes que me habían hecho sufrir, y eso... me hacía feliz, de algún modo hacía que mi corazón se alegrara. Sin embargo, al ver el dolor expresado en el rostro del carnicero y el terror entre sus ojos, al ver como este adulto se encogía y no podía hacer más que recibir una golpiza... me hizo sentirme triste, y también hizo que me arrepintiera de la felicidad que había sentido con anterioridad. Al fin y al cabo todo era mi culpa, desde un principio lo había sido: si yo no hubiera tenido el capricho de robar un alimento que llevarme a la boca nada de esto hubiera sucedido. Quizá me habría tenido que conformar rebuscando algo entre las basuras o cazando un par de ratas de las que se solían escapar entre los callejones, pero hacía menos de una semana que esto ya me había provocado una indigestión y me había hecho sufrir en demasía durante largos días. Por eso decidí, por lo menos aquella mañana, robar algo digno que llevarme a la boca, y me prometí no volver a hacerlo por mucho tiempo. Ahí había estado mi error: en ser demasiado arrogante y desear demasiado para mí mismo.

Mientras mi cabeza no dejaba de darle vueltas a esto y yo luchaba contra las lágrimas que querían volver a desbordarse vi como el hombre de rubios cabellos pasaba por mi lado, me miraba con desdén y seguía con su camino. Sin pensar mucho en esto me puse en pie y empecé a seguirle apresuradamente. Al principio andaba apenas un metro por detrás de él, pues no sabía si estaría bien con acercarme más de la cuenta. Sin embargo, a medida que veía como las miradas de la gente se clavaban sobre mí, miradas de odio y repugnancia, acabé acelerando un poco hasta colocarme justo por detrás del relámpago andante, agarrándole ligeramente de los pantalones (apenas con los dedos índice y pulgar de la mano derecha) y tratando de seguir el mismo ritmo de paseo que él llevaba, aunque me resultaba algo difícil gracias a mis piernas cortas. Si no estaba cerca de aquel sujeto estaba seguro de que los caminantes y los dueños de las tiendas volverían a cargar en mi contra por lo que había pasado con el panadero y el carnicero; en cambio, si estaba cerca de él con gran probabilidad no se atreverían a hacerlo. Así por lo menos podía asegurarme de salir de aquellas calles sin el peligro de volverme a involucrar en una golpiza.

Pasamos unos minutos andando hasta que nos alejamos de la calle principal del mercado, y finalmente llegamos a unas bifurcaciones en las que apenas había gente paseando, y estas personas me ignoraban por completo (pues no me conocían en absoluto). En este momento solté el pantalón del adulto, pero empecé a corretear para poder ir a la altura de él, sin perderle de vista, siempre con la mirada alzada y mis óculos color ámbar clavados en su rostro. Al principio me quedé completamente callado, pensando en lo que podía decirle, pero seguía teniendo un poco de miedo por cómo fuera a reaccionar. No era un miedo atroz como el que le había tenido la primera vez que le vi o cuando me lo volví a encontrar en el callejón, al verle entregarme la barra de pan (de la que no me separaba, seguía bajo mi brazo derecho) y ser espectador de la lluvia de golpes que repartió en mi nombre había empezado a tener una imagen un poco diferente de él. Sin embargo, su apariencia seguía siendo intimidante, y su gesto serio parecía decir que desintegraría a todo aquel que se dignara a molestarle. Por eso tardé unos segundos más de la cuenta antes de abrir la boca y empezar a decirle con un tono inocente y dulce:

-Etto... señor... etto...-hablaba con mucha lentitud, en un tono muy bajo y casi tartamudeando- Kasu le agradece por la barra de pan, señor, arigato gozaimasu.-habría hecho una reverencia de agradecimiento, pero estaban andando, por lo que si llegara hacerla me habría tropezado y caído al suelo o simplemente habría quedado rezagado- Pero, aun así... Kasu cree que es malo pegar a las personas. El señor carnicero y el señor panadero solo le dieron a Kasu lo que se merecía por robar, a Kasu ya le ha pasado por otras veces, está acostumbrado a esto, pero... pero...-en este momento sí que se decidió a hacer las ya mencionadas reverencias, pero antes de eso aceleró su carrera para quedar un par de metros por delante del rubio, se paró en seco frente a él y empezó a inclinarse repetidas veces; lo que siguió a esto lo dijo a voz en grito:- ¡¡Kasu le agradece mucho a señor, y cree que señor es buena persona, pero por favor: no vuelva a pegar a nadie así!!
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